Salmos 30 – Dios Nos Libra

A ti clamé, y me sanaste… salmos 30:2.

CUANDO LO GLORIFICAMOS. Salir bien librado es difícil cuando todo está en contra. David tenía la gloria de haber matado gigantes como su antepasado Caleb. Tomó la fortaleza de Hebrón y la convirtió de centro idolátrico a tabernáculo de alabanza. El problema de su adversidad es cuando un gigante intenta matarlo. Hay guerreros que libran sus batallas heroicamente, pero cuando ese tiempo de gloria pasa cualquier mohicano pretende avergonzarlo; más cuando glorificamos a Dios, viene en nuestro auxilio.

CUANDO CLAMAMOS. Cantaba la hermana Melba: Las palabras sinceras, las que tienen valor, son las que salen del alma… Dios nos sana y restaura. Nuestro clamor se convierte en un río impetuoso que arroja desde adentro de nosotros toda la fuerza y expresión del alma.

CUANDO INTERVIENE EN NUESTRAS DIFICULTADES. Subir del seol y no caer a la sepultura son un verdadero milagro. Hay ocasiones en la vida que todo parece cerrado. No es el medico el que tiene la última palabra, ni la enfermedad terminal la que nos acaba. Dios es quien tiene la última palabra y puede parar una enfermedad terminal. Como canta Calvetti: Dame de tu eterna paz, dame en don para esperar. Ayúdame a confiar en ti. Porque mis fuerzas no puedo más.
Tu eres mi sustento, y tu mi creador. La última palabra, la tienes tú.

CUANDO CELEBRAMOS SU SANTIDAD. Él es celoso de su santidad, y entenderlo y vivirlo es disfrutar la hermosura de su integridad. Su ira es momentánea, en él no hay rencores. Toda la vida nos ayudará, porque su favor perdura.

CUANDO NOS HUMILLAMOS. El resiste al soberbio y da gracia al humilde. No sea egoísta, no piense solo en términos de convenir. Crea que él le ayudará a salir adelante en cualquier adversidad. Humíllese bajo su poderosa mano siempre.

CUANDO CREEMOS EN SU INTERVENCION. El cambia nuestro lamento en alegría. Hay que disfrutar su gloriosa intervención en medio de la necesidad. Vístase de alegría y reconozca que todo se lo debe a él.

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